
L’Hospitalet Memoria y ritmo (El tic tac del pensamiento ambulante)
Quedo con la memoria de Hilario Camacho en el “Trifasic”. No son restos del naufragio ni placas perdidas para un punto y aparte. En el bulevar de los sueños rotos nos esperará con su pensamiento ambulante, Joaquín Sabina, para recordar el olor atahona de la madrugada con el croissant calentito cerca de Tabernillas, sin nada en la nevera, en el viejo portal que ahora revivo con mi sobrino Javier en el Madrid 2009 cuando bulle el domingo de La latina con las huellas flotantes de “Costus”, Lina Morgan o Paco Martínez Soria. Ecos del Auditori Barradas por La Rambla de L’Hospitalet en la madrugada de un noviembre amigo.
Con Alberto Manzano, editor e impulsor de proyectos con Leonard Cohen y Jackson Browne. Silbo con Hilario nuestras melodías eternas, las canciones que escribimos en luminosa armonía habitando el país de las fugas y de la explosiva alegría de vivir: “Subir, subir”, “Licantropía”, “Tela de araña”, “Sin dar la cara”, “Tus ojos”, “Chica de papel”, “Una parte de ti”, “Labios Rojos”, “Vanidosa”, “Fuego y rumba”, “Laberinto”. Entre ninfas cautivadoras y estrellitas de portada; entre el Madrid de “Clamores”, “Galileo Galilei”, “Parnasillo”, “Café del foro”, “Elígeme” y la Barcelona de “Antilla”, “Taberna Irati”, “Café del pi”, “Laie”, “Fnac illa”… Ahora también desde la cervecería Maravillas me bebo el sorbo del atardecer en nuestro Malasaña Blues. Flotan las voces de Nina y Javier, Jorge de Juan, Ana Rosetti, Carlos Ruiperez, Santiago Castillo, mientras me preguntan: ¿Qué tal por L’Hospitalet?. Y yo les cuento que la memoria nace cada día para movilizar recuerdos, para que no se adormezcan y acaben por herirnos con la daga de la pasividad.
Desde Plaza Cerdá contemplo L’Hospitalet siglo XXI y espero la cita en las torres venecianas de María Cristina con Javier Artiga para encaminarnos a las mañanas televisivas del “Canal Català TV” con el programa “Tot va bé” desde Zona Franca a Sabadell, sabores de barrio que endulzan la ruta, cuando Quetzál y la Rambla Badal me conducen a San Isidro y a la herencia parroquial de Joan Bonet y sus estudios sobre Jacint Verdaguer. Vic, Folgueroles, la versión de “L’emigrant” del grupo Slalom.
Con Javier Artiga, amable y lúcido corredor de fondo en el universo de la comunicación, viajamos televisivamente de las plazas de Santa Eulalia al París de la “Belle Epoque”, del bullicio de Bellvitge al trastevere romano, del recuerdo de clásicos radiofónicos como Arribas Castro o Jorge Arandes a la magía Galicia de mis veranos infantiles. Recito mis poemas – a menudo escritos en Milagros Cosernau, Santa Eulalia dos o en la Avenida del Carrilet – en el universo televisivo, suena el milagro de la gran difusión para lo antaño desahuciado. No es inútil cultivar quimeras.
Agustín me habla en la barra de “El Bierzo”, a un paso de La Ciutat de la Justicia, de las noches del Paral.lel (Paralelo). Tiempos de Tania Doris y Luís Cuenca, del Apolo y El Arnau, del Molino y de las comedias galantes de Arturo Fernández. Noches de Leyenda bohemia que pude retratar para RTVE, en el espacio “Por la ruta de los vientos” cuando seguimos la pista de la ciudad universal con Luís Calvo Teixeira; la del monologo “Barcelona” que escribí para Silvia Marsó. Ciudad-ser vivo que me retrataba al hilo de su narrativa Eduardo Mendoza en Casa Alfonso. Ciudad de ciudades que atrajo la fuerza creadora y/o trabajadora de la emigración a lugares del entorno como L’Hospitalet. Corazones de mudanza buscando agua en las fuentes de la vida. Cuando con Jordi Subirana elaboramos paralelismos costumbristas entre el Lavapiés Madrileño y La Plaça del surtidor del Poble Sec para “El periódico de Catalunya”, todas las bocacalles de la lembranza fluyeron al encuentro del vermut.
Revivo en la mirada de Patricia Reyes, de Galicia a Bellvitge, de los escenarios On the road again a La Tinta Roja, sombra aquí-sombra allá cuando amanece la noche. Tiempos para escribir canciones con músicas de Cece Gianotti y Happenings en Antilla o Luz de Gas, previo paso por el “Champanet” y la aristocracia de las tapas en el “Quimet”. Tardes de guitarras y palabras con L’Hospitalet de fondo, “Aliméntame que en mí te multiplicas, ábrete, deja que te viva…juega a sentirte feliz”.
Ruth Tormo y el arte fotográfico de Paco Feria me dibujan cariñosamente para su colección de personajes con denominación de orígen local. Centro comercial de La Farga, CHUP CHUP de palomitas y minicines. L’Hospitalet tiene paisajes y despliego mi mapa de transbordos creativos enlazando la Avenida de Isabel la Católica con los caneles de Brujas, el cruce de la Plaza Ibiza con el punte de San Angelo que abre la puerta a la ciudad del Vaticano. Todo pasa tan rápido porque todo pasa a la vez. Rambla Marina abajo… Por el Pont de la Llibertat de Arranz Bravo busco con mi madre, en la noche poblada de fiesta y terrazas, el nuevo centro médico de la calle Cobalto. L’Hospitalet tiene su línea del cielo; ya no es la ciudad dormitorio del NODO. Por las escaleras exteriores del edificio Ramblas sube la mirada libre hacia las autopistas del “Skye Line”. Un avión lanza sus guiños en el tenue azul de la osuridad. Nunca estamos solos; la memoria nos acompaña avanzando con su orquesta de evocaciones desde el silencio.
Carlos Villarrubia es Periodista, escritor, letrista y autor multimedia.
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L’Hospitalet memoria y ritmo (quien compite envejece, quien comparte crece)
El espacio suena en l’Hospitalet, el lugar de la vibración mestiza. En el universo de mi mente no hay hueco para las fronteras. Tengo el alma emigrante y a nada divino ni humano puedo llamarlo extranjero. Sin cotos vedados, sin clanes ni sectas el pensamiento libre callejea sin miedo a la mezcla. El cóctel de los sentidos es un lujo para el goce del mapamundi cultural. En el “Caribe caliente” de la travessera de Collblanc me reencuentro con las canciones de Manolo Galván, un clásico en la educación sentimental de la América Latina, con punto de partida en el pop español de los setenta.
El parque de la Marquesa es un gigantesco altavoz que importa calles de Buenos Aires, Quito, Lima, La Paz o Bogotá. Hoy la diversidad está aquí. Paul Valery escribió “Los edificios cantan”; Sí – A orillas del Sena con Astor Piazzola – aplaudimos la visión luminosa del poeta. Las calles vividas y sentidas siempre nos arropan con melodías que avanzan desde el silencio. Entre bachatas y merengues, rondas de madrugada camino de San Ramón. Manolo viene de Buenos Aires con sonidos de Fernando Arbex (“Deja de llorar por mí que no lo merezco”) y Juan Pardo (“y el mundo es un pobre poema que sólo recita el alma”) Ecos de amigos comunes como Ginés Liébana; pintor de la era de los fragmentos en la órbita del grupo literario “Cánticos”, con quien escribí varios libros y catálogos de arte en los tiempos de nuestra “empresa invisible”.
Con Pardo evoco en la fiesta gallega de Santa Eulalia nuestras noches intensas y creativas de Madrid entre la fantasía de Tino Casal, la explosión de colores de Costus, las piruetas humorísticas de Liébana y la voluntad hogareña de Lucía Bosé. Duerme Gran Vías a espaldas del gran escenario. Manolo Valdes presenta al creador de “Anduriña”; El Entusiasta comunicador de Radio Tele Taxi me dedicó una cariñosa entrevista en su programa “Lonxe da terra”. Allí repasamos el magisterio de la saudade y los paisajes de mi norte risueño. En el camerino, mientras el grupo dirigido por el televisivo maestro Quintano afina “Bravo por la música”, rememoro con Juan las claves de las mágicas fuentes de la composición.
Ser de todos y de todo, buscar las plazas de la concordia, deletrear el arte de la ternura. Quien compite envejece, quien comparte crece. El origen mima y dulcifica, nunca puede convertirse en excusas para privilegios. En somosaguas, en casa de Lucía Bosé cambio cromos de recuerdos con Alicia y Núria Morenos Espert, entre cuartillas de Luís Racionero y sobremesas con Rosa Falcón sobre robinsones urbanos. El carrer Buenos Aires conservaba hasta hace pocos años ina placa en memoria del nacimiento de Núria Espert. Cruzo a menudo desde mi calle – Jacint Verdaguer – hacía la carretera de Santa Eulalia por los escenarios de los juegos infantiles de la desbordante “Yerma”. En su casa madrileña de Pavía frente a los jardines de la Plaza de Oriente me removió de mi timidez de partida en los corredores de grandes espejos. Hablamos de la vitalidad y la alegría, del barrio que compartía con Ros Marbá y de tantos y tantos escenarios; la Parroquia de San Isidro, el C. Católico en la Rambla de L’Hospitalet. Ahora su calle ya está en el “Hospiwood” de Corbacho y Cruz y tiene un moderno hotel antesala de la Ciutat de la Justicia.
El Hip Hop de la mañana me devuelve a las calles de la Torrasa. Bandadas de sonidos dominicales como gorriones saltarines por Doctor Martí hacia la Plaza Guernika. Escucho los pasos de las tardes del cine Romero (sesión continua) con mi hermano Miguel. Subir la Avenida pendiente, muy en pendiente hasta recalar en el bar del metro, casi suspendido en el espacio, cita de tantos partidos de ping pong. Y alcanzar el universo mágico de la gran pantalla como prolongación lúdica de los futbolines de Pareto, al lado del Bar Juventud. “007 contra el doctor no”, “Desde Rusia con amor”, “La muerte tenía un precio”. Aquellos cines que tanto recordamos en la charla para “cuadernos para el diálogo” con Juan Marsé. Pipas, caramelos, regalices y dulces de algodón. Todo me habla de tardes placenteras al balancearme entre Rafael Campanals y la Rambla Catalana, cuando regreso del magazine de Verónica Sanz emitido desde Mediapark.
Madrugadas de taxi con Joaquim María Puyal y Abili Roma, después de Miramar y el “Vosté pregunta”. Gramática deportiva y ecos gloriosos del barça barça en la oleada sonora de las grandes citas cuando ruge definitivamente el cercano Camp Nou. Más allá de los toneles y licores a granel del Bou, el mercado de Collblanc se despereza. Los autobuses recalan camino de La Florida y las noches de aprendizaje periodístico con el “mestre” Puyal y el compañero del alma Albili, ahora de nuevo en su Collblanc, siempre están en el dial de la memoria. Con Joaquim la aventura de prolongó en Prado del Rey/Madrid en nuestro legendario “Mano a Mano”, con Jordi-Jaría – hoy director del “Diari de Tarragona” – y en sus primeros tiempos de profesión vecino de l’Hospitalet por Tomás Jiménez y Víctor Martí. En mis “Happenings” creativos de Antilla Cosmopolita tuve la oportunidad de reunir al grupo de nuevo con la participación de Sergio Makaroff, mi amigo de correspondencia manuscrita en papeles de “sidecar” cercano a la Plaza Real. El ciclista volador de las imágenes musicales cosmopolitas también aterrizó por Barradas para suspirar rítmicamente con el “Tranqui Tronqui”
Cruce de caminos l’Hospitalet; almas n diaspora que siempre encuentran un banquito afectivo para coser redes de la memoria. Ya lo sabéis amigos, nacemos para llenar soledades. Por qué no perder el miedo al miedo.
Carlos Villarrubia es Periodista, escritor, letrista y autor multimedia.
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Gracias, por sus escritos, hacia mi carrera.
Un abrazo.
Desde America:
Ruben Rios "Mr. Pachanga"